
La transformación de una extensa nave industrial en un complejo deportivo implica la integración de una nueva arquitectura dentro de un «contenedor» preexistente. La intervención prioriza iluminación indirecta y ventilación natural, minimizando la interferencia en la visión de los usuarios mientras maximiza la funcionalidad y confort. A pesar del amplio espacio consumido por las pistas deportivas, la nave se rediseña meticulosamente para albergar instalaciones contraincendios, iluminación artificial y ventilación mecánica, simultáneamente incorporando servicios adicionales —cafetería, tienda, vestuarios y oficinas—, entrelazando complejidad en diseño e ingeniería de instalaciones.